




























Nuestros siguientes destinos fueron Gaya y Bodhgaya que se encuentran a unos 13 km uno de otro. Llegamos en tren a Gaya desde aquí cogimos un autorickshaw que nos llevara a Bodhgaya. Gaya es un importante centro de peregrinación hindú y Bodhgaya es el más importante centro de peregrinación budista del mundo porque aquí Siddartha Gautama alcanzó la iluminación bajo el árbol de bodhi e inició su vida de predicación.
Después de unos días de pasear entre templos, cogimos otra vez el tren para que nos trasladara a Varanasi, la ciudad de Shiva. Después de unas 5 horas de tren (las distancias en India son enormes y los trenes son lentos y suelen sufrir bastantes retrasos) llegamos a la que es considerada la ciudad más santa de la India. Nos alojamos en el Hotel Ajaya (habitaciones impolutas, con baño, tv y a.a. a muy buen precio y la comida exquisita).
La estancia en Varanasi fue de lo mejor de todo el viaje. Un sueño de toda la vida hecho realidad. Varanasi es para pasearse una y otra vez por los ghats (hay más de 100) observando con los tres ojos bien abiertos (en especial el tercero) todo lo que allí se cuece que es mucho, muchísimo, coger una barca y navegar por el Ganges para ver como la gente hace sus abluciones (al amanecer y al atardecer si es posible), ver y participar en las pujas al anochecer en el río, tomarte una bebida bien fría en un bareto de algún ghat, emocionarte en silencio al contemplar una cremación en el ghat Manikarnika, visitar descalzo los templos dedicados a Shiva y Durga, dar un salto a la Universidad hindú y mezclarte entre los estudiantes...